El domingo seis de marzo se realizó en la ciudad de Bogotá las 6.2 millas RunTour de Avianca. Los GoodWill Runners fueron parte de los 10 kilómetros, algunos compitiendo, otros entrenando para próximos objetivos, y un selecto grupo formó parte de los pacers oficiales del evento.  Gisselle Aparicio fue la encargada de marcar el ritmo para arribar a meta en 85 minutos.

 

A continuación nos regala su experiencia:

 

 

Ser pacer en una carrera de calle es, además de un honor y un premio, una bonita manera de llevarnos más lecciones a casa luego de cruzar la meta. Por segunda vez tuve la oportunidad de vestirme de “liebre”, esta vez en la pasada 10k organizada por la aerolínea AVIANCA conocida como el RunTour en beneficio de los niños de la Fundación Cardio Infantil de Bogotá.

 

gisselle 10k pacerCuando Will Vargas, el coach de GoodWill Runner, nos envío el listado de los escogidos para esta misión y allí estaba ni nombre, sabía que ahora mi responsabilidad era más grande. Aunque el paso por kilómetro sonaba bastante cómodo (8:30m/km) me hicieron caer en cuenta de que detrás mío estaría un buen porcentaje de los participantes y que muchos de ellos tal vez irían haciendo su primera carrera.

 

Los periodistas, los espectadores y hasta una buen parte de la organización concentran su atención en los atletas élite y se hace todo para ellos se sientan a gusto. Hay otra gran masa de corredores que aunque se sabe que no van a ganar animan mucho la competencia y hacen excelentes tiempos dentro de sus categorías. Pero, ¿qué pasa con esos que llegan en la punta de atrás de esa gran serpentina de colores que se mueve por las calles tratando de llegar completa a la meta? Pues con esas personas estaría yo con la advertencia clara del coach de que esos runners son en toda carrera los que siempre necesitan más motivación, consejos y ejemplo.

 

Estaba encargada de llegar a las meta en 1 hora y 25 minutos, ni antes ni después. Y cuando sonó la pistola comencé a darme cuenta que no era fácil correr a ese ritmo cuando ni siquiera en mis inicios en este deporte anduve tan despacio. Y efectivamente los rápidos desaparecieron de mi vista y poco a poco fui quedando al lado con esas personas cuyos cuerpos y pulmones estaban haciendo su máximo esfuerzo a pesar de que dentro del marco de la carrera se veían como si fueran de paseo.

 

Noté desde el kilómetro 2 que debía hablar mucho; que debía hacer algo extra para que estas personas no desfallecieran y terminaran abandonando. Escuchaba la respiración de los que estaban más cerca y realmente todos iban a tope. Corrían con poca técnica pero con un corazón enorme. Un señor de unos 65 años se me acercó a confesar que en los últimos dos años se había dedicado a comer y a dormir sin hacer ejercicio, que era su quinta carrera pero que apenas estaba retomando entrenamientos, como tratando de excusarse conmigo por ir tan atrás de la fila. Se me ocurrió decirle que lo tomara con calma y que si sentía que debía caminar lo hiciera. Lo tuve que dejar atrás porque su paso era mucho más lento, pero confieso que quise irme a su lado hasta la meta y saber en que terminaba su reto.

 

Luego encontré muchas mujeres de todas las edades con quienes pude hablar más en confianza. Para animarlas les dije que se veían muy lindas corriendo, que estaban quemando mucha más grasa que los  rápidos y que iban a llegar más guapas a la casa para abrazar a sus esposos. Muchas apenas sonrieron… de verdad iban cansadas.

 

gi pacerFaltando 2 kilómetros y cuando en la meta ya había pasado la ceremonia de premiación e incluso muchos participantes ya estaban en sus casas descansando, nosotros estábamos apenas en la parte crítica del recorrido. Faltaba subir un puente y la recta final de esos infinitos 800 metros. Yo decía ,”Mi gente, ya estamos llegando… por nada del mundo ya vamos a parar” y de repente una señora gritó “Vamos chicas… falta poco!” , y un tímido aplauso sirvió como impulso final.

 

A quienes iban cerca en los últimos metros les dije que no podían cruzar la meta con cara de sufrimiento, que sonrieran y abrieran los brazos para que la foto del recuerdo quedara de enmarcar. Me hicieron caso y todos soltaron esa gran sonrisa de ganadores. Pasé la meta en el tiempo exacto que debía hacer pero no pude irme sin esperar a aquel señor de los primeros kilómetros. Llegó 7 minutos después y me dio un abrazo que dificilmente podré olvidar, como tampoco la frase que me dijo al despedirnos: “Si no existiéramos nosotros, los lentos, la victoria del más rápido no tendría tanta gracia”.

 

Misión cumplida y lección aprendida: el tiempo es lo de menos cuando el cuerpo se pone a prueba en su máxima resistencia. Amé ser pacer y siempre diré SI a esa bonita experiencia así deba  ir 2 minutos y medio por encima de mi paso habitual”.

 

¿Corriste los 10K RunTour? ¿Cómo fue tu experiencia? Compártela con nosotros.