Archivos de etiquetas: majors

#Boston8: Así fue la experiencia de Daniel Cadena en los 42K de Boston

El lunes 18 de abril Daniel Cadena corrió su séptimo 42K. En el Maratón de Boston el biólogo de 39 años consiguió su PB al cruzar la meta en 3:07:02.

Conocé la historia de “El Profe” del Boston8:

 

“Empecé a correr hace 5 años y en ese momento jamás pensé que podría algún día estar en la maratón más importante del mundo, la que todos los buenos corredores sueñan correr algún día. El proceso de llegar ha estado lleno de altibajos pero ha sido increíblemente enriquecedor en todo sentido. Y Boston en sí, bueno, creo que lo que allí pasa es indescriptible: hay que ir para sentir esa energía que da el público, la organización y todo el entorno.

490837_226367798_XLargeEl trabajo para esta maratón fue supremamente exigente pero a la vez increíblemente divertido y estimulante. Will diseñó un plan especial que incluyó mucho trabajo funcional de fortalecimiento, repeticiones en montaña con ascensos y descensos, días de fartlek con intervalos a altísima velocidad, mucho fondo. ¡En un momento pasamos 32 días consecutivos sin descansar! Fue difícil, pero conformamos un excelente grupo de corredores amigos, muy motivados y 100% enfocados en lo mismo por varios meses, un tiempo durante el cual donde primó sobre todo el compañerismo y la buena onda – la pasamos demasiado bien. Fue un poco jugar a ser corredores élite, una experiencia inolvidable.

Esta vez, para los 42K de Boston, pasaron dos cosas distintas con respecto a mis ciclos anteriores de entrenamiento. Lo primero es que seguí un plan de alimentación muy estricto con la meta de llegar liviano pero fuerte a la carrera y mejorar mi eficiencia, y creo que eso me ayudó mucho. Lo otro fue que unas semanas antes de la maratón tuve una lesión que me hizo temer que me la perdería; he tenido lesiones que me han sacado de carreras antes, pero esta vez salir adelante requirió mucha determinación, invirtiendo muchísimas horas en trabajo de gimnasio mientras mis amigos hacían trabajos de velocidad o de montaña. Esto no se lo conté a nadie hasta ahora (había que estar positivo al menos hacia fuera), pero tres-cuatro semanas antes de la carrera todavía sentía que era prácticamente imposible correr Boston así que nada más llegar fue un gran logro. Además, el coach diseñó un plan especial para mí hacia el final del proceso con el que buscamos compensar los trabajos de intensidad que no pude hacer por la lesión con mucho volumen. En los días que la mayoría de la gente ya estaba en la etapa de tapering, yo seguía corriendo fondos. Menos de dos semanas antes de la carrera corrimos 30 km un martes en la mañana antes de irme a dictar clase!Ese día a las 4:30 am nos preguntábamos con Will cuánta gente hace eso un martes cualquiera y concluímos que no debíamos ser muchos.

490836_226130212_XLargeAntes de Boston había corrido tres maratones consecutivas con condiciones muy difíciles. Los Angeles fue una carrera con una altimetría bravísima y calor infernal de más de 30 grados. En Nueva York la temperatura fue la más baja en muchos años y tuvimos que sufrir con un viento helado y fuerte como el que nunca había sentido y que literalmente no dejaba avanzar, terminé casi con hipotermia. En Allentown tuve problemas estomacales desde muy temprano en la carrera, un suplicio, pero afortundadamente logré una marca suficientemente buena para ser aceptado a Boston (en LA también había hecho la marca clasificatoria pero quedé fuera del corte por pocos segundos).

A Boston llegué en mi mejor forma física, feliz por cumplir el sueño de llegar a esta mítica prueba y sabiendo que en mis tres carreras anteriores no había podido tener los resultados para los que estaba preparado, por lo que iba muy optimista con que podría tener un resultado muy especial.

Con Patacoach y el resto de los bostonianos planeamos salir tranquilos durante los primeros kilómetros pues sabíamos que muchos corredores se desbocan al principio por ser terreno inclinado hacia abajo y luego sufren las consecuencias cuando vienen las subidas y la bajada final. Luego la idea era buscar un paso constante para tratar de llegar fuertes a la parte donde la ruta empieza a inclinarse hacia arriba, donde esperábamos no perder mucho tiempo para finalmente rematar dándolo todo y ojalá acelerando en la descolgada de los últimos kilómetros. Sin embargo, como muchas veces en esto, las cosas no salen como uno las planea. Aún no estoy seguro de qué pasó, pero fue difícil mantener el paso del K21 en adelante. En el K26 empecé a tener calambres en las piernas y con eso el plan original pasó a un segundo plano: había que aguantar y hacer lo mejor posible en medio de la dificultad. La verdad es que me sentía fuerte, con energía, sentía que podía correr rápido, pero cada vez que apretaba en los últimos 12 km los calambres volvían. Es posible que haya sido el calor que nos sorpendió ese día lo que me afectó y el viento en los últimos kilómetros hizo todo aún más difícil. O tal vez no estaba tan rápido y fuerte como pensaba; este deporte siempre nos da lecciones de humildad.

490835_226377527_XLargeMi tiempo fue de 3:07:02, mejorando mi marca personal en 12 segundos. Inicialmente terminé con un sentimiento entre rabia y tristeza pues el tiempo estuvo bastante lejos de lo que teníamos planeado. Además, acabé pensando que si hubiera estado más pendiente del reloj en los metros finales seguramente habría podido hacer menos de 3:07:00 – los corredores somos bichos raros pero 3:06:59 se habría sentido distinto-. Sin embargo, al encontrarme con varios corredores conocidos y con mis compañeros entendí que no había sido el único que había tenido un día difícil y ellos me hicieron ver que fui uno de los pocos que logró mejorar su marca personal así hubiera sido por segunditos. Al rato ya se me había olvidado cualquier sentimiento negativo; era Boston y Boston es difícil, la de este año había sido una carrera especialmente dura y yo lo había dado todo así no hubiera conseguido lo que quería. Eso bastaba para irme más que feliz.

Regresé a casa pensando en descansar un poco, queriendo no fijarme una meta muy pronto y hasta subir unos kilos dedicándome a comer cosas ricas de las que me había privado por meses. Pero claramente en mi mente estaba pensar en alguna carrera para sacarme la espinita de que sé que puedo lograr un tiempo bastante mejor. El coach ya me conoce bien y a los pocos días sugirió la posibilidad de que buscáramos una invitación a la maratón de Berlín. Cuando esto se concretó gracias a su gestión con Adidas, no me pude negar y ya estoy pensando en cuál será la meta que puedo lograr en una carrera plana y rápida como esa – de pronto allí, donde ya tuve la fortuna de correr en 2013 con mi hermana, es que llegará esa maratón soñada. Esto es una fiebre de la que no me quiero curar”.

 

¿Sueñas con correr Boston? ¿Te gustó su crónica? Comparte tu opinión con nosotros.

BOSTON 8: Juan Pablo Calviño en el Maratón de Boston 2016

El argentino Juan Pablo Calviño, como parte del #BOSTON8, el lunes 18 de abril se colgó su primera medalla de un Major Marathon al completar los 42195 metros más legendarios del mundo.

 

A continuación su crónica de la 120º edición del Maratón de Boston:

 

“Cuando comencé a correr en 2004 me entusiasmaban todas las distancias y disciplinas. Con el que fue mi primer entrenador tenía conversaciones sobre ese tema y más de una vez, al decirle que quería correr triatlón, carreras de aventura, en la pista y la calle, me proponía optar por un coach que pudiera darme todo eso. Con él tuve la chanche de aprender de atletismo puro y desempeñarme en la pista, el cross-country y la calle. En aquel tiempo veía el maratón como algo aspirasional, pero muy lejano. Una cosa es correrlo y otra muy distinta volverse fanático de la distancia.
IMG_20160418_151325402En tiempos de internet, pero sin todas las posibilidades de acceso a las redes sociaes y el streaming, era todo un hallazgo conseguir transmisiones en vivo o diferido de los 42K en el mundo. Las noticias no volaban como ahora, pero me encargaba de conseguir todo. El maratón de Boston siempre llamó mi atención. Su tradición, su mística, la necesidad de clasificar con un tiempo lo llenaban de un halo de grandeza por sobre los otros majors que se imponen a fuerza de presupuesto y publicidad. Durante años, el tercer lunes de abril para mi, y un grupo de amigos, era “asueto” obligatorio porque nos ocupábamos, sea como sea, de ver Boston y comentar lo sucedido.

Cuando en 2010 me recibí de maratonista, comencé a soñar con algún día correr la distancia en todas partes del mundo. Boston, por supuesto, formaba parte de la lista, pero ni se me cruzaba en los planes. En todas estas temporadas logré el tiempo clasificatorio, pero el foco estaba puesto en otros asuntos, por lo que ni me ocupaba de averiguar sobre el tema. En más de una conversación con los chicos del grupo los escuchaba hablar con desesperación de Boston y los tiempos para entrar y no podían creer que en seis años nunca haya optado por entrar al evento.

Finalmente, como quien no quiere la cosa, Will Vargas me dio la noticia que en 2016 iba a formar parte del equipo GWR que viajaría a Boston a por los 42K. La noticia me emocionó hasta las lágrimas. Siempre digo que hay que tener cuidado con lo que uno desea, porque un día se cumple y llega el turno de hacerse cargo. Luego de la pretemporada, enero y febrero en Buenos Aires suele ser un horno con humedad. Hace tiempo había decidido no preparar más maratones en abril para evitar el calor, pero Boston era la excusa máxima para romper la promesa.

Hace dos años que entreno a distancia con GoodWill Runners. Soy un poco solitario en los entrenamientos y con uno o dos amigos que me acompañen en algunos kilómetros, ya tengo suficiente compañía; no necesito más. Los días que cuesta encontrar el horario, formar parte de Boston 8 fue la motivación extra para hacer lo posible para salir y no dejar una X en el plan. Los monstruos en Bogotá y la princesa en México, todos los días, me maravillaban con sus entrenamientos matutinos y eran el combustible para que yo pueda salir a última hora de la tarde o directamente de noche para evitar la ola de calor.

Con algunas molestias físicas y varios contratiempos, pasaron las semanas, y llegó el día de viajar. Pisar Boston el jueves previo a la carrera fue una victoria en sí misma. Las calles llenas de runners, los locales con carteles de aliento, la gente de la ciudad pendiente del maratón.

campeonesAcreditado como prensa, tuve la fortuna de ver la cocina del evento, todos los detalles que a los corredores le pasan por encima. Charlar con los organizadores, entrevistar a los atletas, visitar los lugares a los que poca gente tiene acceso fue como estar en Disney para un apasionado como yo.

El domingo previo al maratón finalmente estuvimos todos juntos. Fue un placer compartir esas horas con el grupo, comer, pasear por la expo y pasar las horas a la espera del disparo. El Coach nos pasó el plan de carrera y luego respondió las dudas de cada uno. Recién a la noche, cuando llegué a mi habitación, abrí mi bolsa y tuve el kit oficial que adidas Colombia nos tenía preparado. Contar con la indumentaria, igual a la de los elite, estampada con el logo de Boston 8, hizo que me termine de conectar con lo que estaba por suceder un par de horas más tarde.

Sin duda, mis compañeros se encargarán de describir la previa a la largada en detalle. Por mi parte comentaré que la logística y seguridad por parte de la B.A.A. va más allá de lo que uno pueda imaginarse si solo ha competido en eventos sudamericanos. Igual, dicho por veteranos con más de cincuenta maratones a lo ancho de todo el planeta, lo de Boston en descomunal y nada lo supera.

A las 10 AM el corral cinco de la primera ola, en el que me encontraba, comenzó a moverse tímidamente. Al minuto ya estaba trotando y 60 segundos más tarde pasaba por la alfombra y comenzaba a recorrer mi primer Major.  Es desopilante correr a 4:12 y que malones de gente te pase como si estuvieras parado. El entusiasmo y la bajada hace que todos salgan a full y es el momento en el que toca controlarse para no gastar de más. Pensaba correr con un tshirt debajo del singlet, pero decidí descartarlo debido al tímido calor que se comenzaba a sentir. En la milla ya me estaba arrojando agua en la cabeza y así fue hasta pasados los 30K.

Sin tanto mirar el reloj, enfocado en las sensaciones y el esfuerzo, fui superando alfombra tras alfombra cada 5K, a sabiendas que mis seres queridos estarían pendiente de mi paso. El aliento del público es un arma de doble filo; te brinda ese punch extra en los momentos difíciles pero logra desconcentrarte de a ratos. Es imposible no emocionarse al ver, pueblo tras pueblo, a miles de personas alentando a cada uno de los maratonistas como si fueran de su familia.

Los 30 mil corredores, cada uno con su estrategia, al llegar a la Loma Rompecorazones, sienten algo distinto al resto de los puntos clave del circuito. Algunos ya llegaban tocados y la caminaban, otros agachaban la cabeza y bracean. En cada uno de los repechos no terminas de saber si alcanzaste a superarla. Ya por el K33, arriba de la colina, toca la parte “fácil”. Correr 9K hacia abajo con los que queda en las piernas. En ese punto evalué mi estado de forma y los cuádriceps acusaban recibo del desgaste previo. Mantuve el ritmo y unos cuantos metros más adelante tocó tomar la decisión de intentar mantener.

congratsLos últimos kilómetros, agitados por el viento dentro de la ciudad de Boston, fueron los más difíciles para mí. Necesitaba concentrarme, un poco de silencio, y la hinchada no paraba de gritar y alentar a todos. A pesar de haber superado el muro y no tener calambres ni molestias fuertes, el ritmo comenzó a mermar. Quedaba poco, pensaba en el sueño que estaba cumpliendo, en los amigos, la familia y especialmente en mi madre que ese día cumplía años y no podía estar con ella, pero tenía una meta por delante y una medalla para regalarle.

A pesar de ir más lento, cada vez pasaba más corredores. Como no podía ser de otra manera, el último kilómetro te regala la última subida, un par de curvas y una avenida repleta de gente y banderas de todo el mundo con un arco pequeñito a la distancia que zancada tras zancada se vuelve más grande. Avanzar por la línea azul es un momento que no quieres que se acabe más, hasta que finalmente atravesé el famoso arco en Boylston Street.

La emoción me invadió, un grito de furia salió desde dentro de mis entrañas. Las lágrimas caían al mismo tiempo que una voluntaria me colgaba la medalla. Un sueño cumplido en 3:22:53”.

 

¿Te gustó la crónica? No te pierdas las historias de nuestros bostonianos.

DOMINGO DE MARATONES EN EL VIEJO CONTINENTE

No cabe duda que el mes de abril es temporada alta de maratones. Aparte del protagonismo que los  GOODWILL Runners tuvieron en el Alianz Split 9K, rumbo a los 15K en Bogotá, hubo participación del grupo en varias partes del mundo.

.

londonEn Londres, el tercer Major Marathon de la temporada, el keniata Eliud Kipchoge se quedó a ocho segundos de batir el récord del mundo al ganar la prueba en 2:03:05. Entre las damas se impuso su compatriota Jemima Sumgong en 2:22:58, a pesar de sufrir una caída en el kilómetro 36.

Nuestra princesa Mari Del Pozo se dio el gusto de completar los 42K de la capital inglesa, con mejor registro personal, en 3:21:42 y ahora sueña con Tokyo en febrero de 2017 para completar las “seis grandes”.

.

zurich snowMientras tanto, en el Maratón de Zurich, el japonés Yuki Kawauchi se coronó campeón por primera vez en suelo europeo, en una mañana poco primaveral que contó con nevadas y un centímetro de nieve acumulado en el piso en la primera parte del evento. Juan Felipe Hoyos cronometró 3:48 mientras que Viviana Alvarado completó los 42195 metros en 4:13, en la principal ciudad suiza.

Continúa el derrotero de carreras primaverales y los GWR no dejan de sorprender con sus rendimientos aquí y allá.

 

¿Te preparas para algún evento? Cuéntanos para cual.