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Un Maratón de Miami difícil de olvidar para los GWR

Tatiana García vivió su debut maratoniano en el 42K de Miami. La GoodWill Runner de treinta años se unió al equipo en septiembre del  2015 para aprender de los mejores, mejorar sus marcas y  llevar su afición a un nivel más competitivo. Ponerse retos más altos que le exigieran un mayor esfuerzo la ubicó dentro del grupo privilegiado de los clasificados a Boston 2017.

 

“Comencé a correr en el 2011. Toda la vida he sido deportista porque  mi papá me lo inculcó desde pequeña. Un día mí jefe, al ver mi gusto por el deporte, me inscribió a una carrera de 5 km para que lo acompañara y probara si me gustaban este tipo de eventos”, explica Tatiana.

tatiana garcia“Decidí correr maratón en octubre del año pasado. Sentí que era hora de salir de la zona de confort, pues ya había corrido varias medias maratones en Colombia. Elegí Miami porque en el equipo varios corredores se estaban preparando para este reto. Ellos me motivaron y me parecía espectacular vivir  esa experiencia  en grupo”, explica la ingeniera industrial. “En su momento compartí mi deseo con mi esposo, quién no dudó en apoyarme ni un minuto.  Me dijo, “nos vamos para Miami”. Y le pregunté a Will, “¿Tú crees que puedo estar lista para correr Miami? ¿En tres meses puedo estar lista para correr una maratón? Él me respondió, “Si sigues mis instrucciones al pié de la letra, sí, e incluso podrás alcanzar un tiempo cercano a la marca de Boston -3:35-”. De inmediato compré tiquetes y me inscribí, fue un voto de confianza en mí y en las palabras de Will”, concluye.

“Mi familia fue vital en este proceso. Conté con todo su apoyo. En diciembre y enero, que por lo general son fechas familiares y de descanso, yo estaba en semanas de picos de carga con entrenamientos largos y pesados. Mi familia madrugó conmigo, estaban pendientes de mi alimentación y recuperación porque sabían que al otro día también saldría a correr. En algunas ocasiones me acompañaron a los entrenamientos, todo esto  me hizo sentir más fuerte”, relata la runner que desde el momento   cero se puso en modo maratón y cambió totalmente su rutina diaria.

El entrenamiento empezó con cortas distancias, variando  ritmos por entrenamiento y con un ciclo de fortalecimiento bastante exigente que incluía subidas a Patios dos veces a la semana. Después aumentaron  las distancias y  a trabajar velocidad, ciclos de miles que parecían eternos. “El entrenamiento que más sufrí  fue un fondo de 33 km en R1. Lo hice en Villavicencio, por cuestiones familiares,  a  más de 30° C, temperatura a la que no estaba acostumbrada a entrenar. Al final concluí que fue un entrenamiento  que fortaleció  mi mente más que mi cuerpo”, confiesa Taty, que sí le encantó la exigencia de las subidas en la montaña.

 

“La previa fue increíble. Una vez en Miami  compartí mi estadía con  tres corredoras del equipo -Gisselle, Ana María y Paula-. Fue clave porque nos preparamos juntas para el gran día, en la alimentación, la hidratación y el descanso, siguiendo al pie de la letra las instrucciones del coach.  Llevábamos entrenando juntas tres duros meses y en los días previos fortalecimos los lazos para llegar unidas de corazón a la meta”, relata. “Todo el tiempo estuvimos en grupo como familia y recibí muchos consejos de corredores de mayor trayectoria. Tuvimos una charla técnica antes de viajar y otra en Miami el día antes de la carrera; en las dos el Coach nos llenó de confianza. Éramos muchos corredores entre GWR y adidas Energy Team, todos llenos de energía  y  unidos  para  dar lo mejor y representar bien a Colombia”, agrega García que aspiraba a lograr 3:30 para asegurar  la clasificación a Boston, -cinco minutos por debajo de la marca requerida-.

El domingo, la compañía de su esposo la hizo sentir  tranquila,  feliz y con muchas ganas de correr. “Esa mañana el viento era helado y no nos permitía hablar con claridad, algo que no me esperaba en Miami. Nos ubicamos con Ana y Jenny rápido en el corral para que nos diera calor y en menos de nada ya nos estaban dando la señal de salida. En el K1 el clima nos impidió tomar el ritmo, pero después nos sincronizamos y no paramos hasta llegar a la meta, me sentía muy fuerte, estaba concentrada y sentía la mejor energía de mis compañeras de carrera. Pasamos los primeros 21K y aún seguía haciendo frio, increíble. En el K 30.5 mi esposo estaba haciéndonos barra, eso me recargó de energía.  En los últimos 10K el coach  nos acompañó y nos marcó el paso. Nos encontramos con otro colombiano que se unió al bloque y al vernos en grupo la gente gritaba  “Vamos Colombia”. Faltando 400 metros para llegar el coach me dijo, “Ve por él”. Respiré y aceleré, sentí un grito de ánimo de algunas de mis compañeras que agitaban la bandera colombiana a un costado de la línea de llegada. Sabía que el abrazo de mi esposo estaba en la meta así que eso me motivó a dar las últimas zancadas”, describe Tatiana, que llegando físicamente entera cronometró 3:29:20.

 

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De su primera experiencia en los 42195 metros aprendió que la práctica hace al maestro. “La carrera  no solamente es un día, sino que se prepara y se asegura desde antes con la alimentación, la hidratación y principalmente con la preparación mental para alcanzar la meta”, confiesa la GWR que proyecta participar en la Media Maratón de Bogotá, Maratón de las Flores en Medellín y el mítico Maratón de Boston en abril de 2017.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PAULA ROZO EN EL MARATÓN DE MIAMI: Historia de un debut

Paula Rozo viajó al Maratón de Miami con el objetivo de terminar la carrera por debajo de las cuatro horas. La runner de 33 años, en su debut en la distancia, se convirtió en una de las GWR que logró la clasificación para los 42K de Boston del próximo año.

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Aquí su relato en primera persona:

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“La historia arranca, como la mayoría de mis historias, sin una clara introducción pero con gran desenlace. Desde que mi hermana empezó a entrenar, y en efecto participó en el triatlón olímpico de San Andrés y otras competencias, sentí un poco de indignación conmigo misma. ¿Cómo era posible? Yo había sido siempre la deportista de la familia, (incluso la única mención de honor que recibí en el colegio fue a la de mejor deportista). La indignación me atacó un par de veces, así que la calmaba con repentinas salidas a caminar, trotar, montar bici y cualquier actividad que me dejara muerta del cansancio, como una prueba que aún era capaz.

IMG-20160301-WA0055En todo caso los sobresaltos continuaron. Ver a mi hermana llegar a la meta y correr y nadar tantos kilómetros, fue inspirador, así que en agosto del año pasado le dije a Will que quería entrenar con él, en su equipo. De nuevo me sentí como en el colegio: básquet, porras, softball, futbol, voleibol incluso simulacros de las Naciones Unidas, todos eran excusas para irme a conocer gente y pasarla bueno, fuera del aula de clases. En GoodWill Runners, las difíciles madrugadas eran la excusa perfecta para salir corriendo de mi rutina y conocer gente, gente linda.

En una euforia colectiva un grupo importante decidió inscribirse a la maratón de Miami. Ya habían pagado y comprado tiquetes, y yos seguía pensando si mejor corría la media, si iba, si el dólar, si mi cumpleaños, que si esto que si lo otro. Mi prima Tatis tenía la plena convicción y determinación de correr esta maratón y se inscribió con el propósito de empezar el 2016 distinto. Pensé, “increíble el valor de las cosas, decisiones a veces simples y trascendentales”. Sin embargo mis momentos de reflexión dejaron de ocurrir los sábados en la mañana, y los festivos. Sólo pensaba “salvajes como organizan una maratón en enero”. ¿En serio otros 21 km mañana, pero si hoy corrimos 30km? No me parece…

En fin, como pude cumplí con mis actividades sociales, no podía escapar de ellas pues en una gran mayoría yo era quien las organizaba, pero tampoco era capaz de no ir a los entrenamientos. Cuando haces parte de un equipo, no ir a un entrenamiento es como quedarle mal al chico que te gusta. Culpa o arrepentimiento, no estoy segura con exactitud qué sensación es, pero ocurre y no es agradable, así que preferí madrugar, alistarme, refunfuñar 45 minutos en la mañana y ya. Verlos a todos sonriendo listos para empezar era el mejor antídoto.

A finales de diciembre por fin decidí comprar el tiquete y la inscripción, obvio la más cara porque ¡el que piensa pierde! Para ahorrar costos de mi indecisión compre un vuelo sin equipaje. El miércoles previo a viajar el Coach nos mandó un texto con todas las cosas que necesitamos para la maratón y examinando el listado de 15 ítems solo tenía 4.

No hubo remedio, jueves 9 PM estaba en casa de mi hermana esculcando que otras cosas me podía prestar. Salí con la indumentaria lista, completé la lista e incluso me llevé la ñapa. Termine de alistar maleta a la 1 AM y tenía clase de 7 AM. Luego de una siesta llegué 2:03 PM al aeropuerto con el tiempo justo. Había hecho web check in, y cuando llegue el señor me dijo “lo lamento los counter están cerrados”. Con otros dos pasajeros preguntamos por qué. Pasamos rápidamente de la sorpresa a la indignación. No me dejaban subir al avión. Mientras los otros pasajeros iban a las oficinas aproveché un descuido del guardián de la fila y me paré justo al lado del último pasajero que estaban chequeando. Le dije “no se mueva si me ven me regañan”. El señor sonrió y dijo “no hay problema”.

Le pregunte al agente si más tarde había otro vuelo y me contestó que recién al otro día.

En ese momento sólo pensé en mi mamá: “Paulita, Will me dijo que estas corriendo muy bien, que te puedes clasificar a Boston, yo sé que tú puedes”. Se me aguaron los ojos.

“Señor tengo que llegar a Miami, voy a correr la maratón, mañana ya es muy tarde”, le supliqué. Creo que inspiré compasión y me dijo “OK”, y le pasé mi pasaporte y me dieron los pasa bordos. En Sala de espera nos informaron de un retraso de hora y media del vuelo. Llegué a Ft Fort Lauderdale y al hotel recién a la 1 AM.

El sábado, un día antes de la carrera, no sé qué comí o el susto o la emoción, el hecho fue que todo el día estuve enferma del estómago. En la maluquera llegué a la Feria, pedí mi camiseta y mi número. Los del equipo empezaron a llegar de forma desordenada así que, entre una cosa y otra, alguien tomó mi bolsa. A las 4 PM me di cuenta que no tenía el número de la carrera. A punto del infarto y con el estómago revuelto, corrí a soluciones. “Señora me robaron mi numero! No tengo nada”. “Venga aquí vaya allá, no se preocupé le asignamos uno nuevo”. Esta carrera la corro porque la corro.

miamimedalsLlegamos al hotel –Tatis, Anita, Yeye y Ruben- y dejamos todo listo. Las instrucciones decían: desayuno listo a las 4 AM, segunda comida 4:40, para reunirnos a las 5:30 en el punto de encuentro e ir a los corrales de salida. El celular se descargó y nadie más puso la alarma. 4:20 AM y por una mera casualidad alguien se despierta. Se pueden imaginar, la competencia empezó a esa hora. En medio del alboroto comer, vestirme, el Lomotil que no me vaya a enfermar en la carrera. Salí lista para correr, sin saco, ni el celular, ni nada. El viento golpeaba a la gente con fuerza, todos mirábamos con ansiedad y algo de angustia desde el carro, la gente usaba bolsas de basura para cubrirse del viento, se escondían tras las columnas de los puentes.

Me bajé del carro, ya no alcanzábamos a llegar al punto de encuentro. Entre las tres me cubrían. Tatis me regaló unos guantes. Las dejé en el corral B y seguí caminando sola al mío. Sabía que dos compañeros del equipo estaban allí pero no los vi. Como pude me adelanté. Cerca de un grupo de brasileros, toda la gente estaba aglutinada intentando cubrirse del frío.

Como si el viento avisara una gran carrera cerré los ojos, recé, dediqué la carrera a Emma. Luego pensé que todos estarían viéndome. Pensé en mi mamá, en mi hermana, en Will y en los del equipo, sabía que ellos me estarían siguiendo. Oré y pedí que toda la energía se quedara en mi cuerpo.

El plan consistía en correr por debajo de 5 minutos el kilómetro. Los primos 21K debía ganar segundos con el fin de asegurar un colchón para el último tramo de la competencia –entre 4.30 y 4.50-. Corrí y corrí hasta cruzar la meta. Ví a Jonathan, me sonrió y me tocó los dedos al otro lado de la reja. Respiré. Supe que había llegado. Caí tendida en el pasto temblando. Apenas vi a José, Dionisio y Harry empecé a llorar de la emoción  mientras un fuerte calambre en las piernas me invadía. Me auxiliaron y, entre lágrimas, le dije a Harry que por favor mirara que tiempo había hecho.  Sonrió y me dijo “3:34:20”. Abracé a José y le dije, “clasifiqué clasifiqué”. Feliz con mi impensada clasificación a Boston 2017 unos meses atrás y un noveno puesto en mi categoría por edad”.

 

Como aprendizaje de su primera experiencia en 42K Paula aprendió a creer en ella y confiar en las instrucciones del Coach al pie de la letra porque verdaderamente sabe lo que está haciendo.

 

Andrés Espitia rumbo a Boston Marathon

Continúa la cuenta regresiva para los Goodwill Runners que el 18 de abril correrán el Maratón de Boston.

Andrés Mauricio Espitia Espinosa, luego de su experiencia en 2014, y con un año de ausencia debido al nacimiento de su hija, volverá a recorrer los 42195 más legendarios del calendario mundial.

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“El plan específico para este 42K es diferente a lo que veníamos trabajando. De lunes a domingo. En la semana trabajamos fondos, velocidad, ascensos, intensidades, fartlek, recuperación activa y entrenamiento funcional. Todo en busca de mejorar cada día, siempre planificado y buscando un objetivo grupal y personal”, comenta el “Coachito” Espitia, que se desempeña como entrenador asistente de GWR.

“En los entrenamiento funcionales hacemos ejercicios de fortalecimiento de diferentes partes del cuerpo; son sesiones intensas de 45 a 60 minutos en Baransu, a cargo de Carlos Ramirez los lunes y viernes. Trabajamos pierna, espalda, bíceps, tríceps, pierna, abdomen en fin todo cuerpo, la verdad sale uno muerto de la clase pero veo y siento que nos ha ayudado mucho para cumplir esa meta y sueño que cada uno tiene”, explica el atleta de 38 años que lleva cuatro años y medio en el grupo.

Los Bostonianos llevan más de 20 días sin uno de descanso absoluto. “A medida que pasan los días las sensaciones aumentan,  te vas sintiendo más fuerte, encontrando el nivel y me da hasta pensar en ser cada vez mejores. No es fácil pero con el grupo que estamos entrenando se siente uno en familia, el día q alguien está mal los demás le ayudamos a pasar el mal rato y al final todos cumplimos con nuestros entrenamientos. Me siento orgulloso de ser parte de este grupo y del equipo GWR. Todos nos mandan buena energía, están pendientes de cada cosa”, confiesa Andrés que sentía ser bueno en los ascensos pero en esto momento es la parte del entrenamiento que más le cuesta.

 

“Tengo días y días. En unos me siento muy bien fuerte con ganas y termino el entrenamiento con las mejores sensaciones, en otros no tanto. En ese momento es cuando se habla con el Coach, quien mira cómo cuadrar algo para tu bienestar sin dejar de perder capacidad pero con mucho cuidado de no tener alguna lesión. En este momento contamos con una plataforma para los entrenamientos en donde se lleva el registro de los entrenamientos, si se cumplen o no y esta plataforma también te puede ayudar a ver como es tu comportamiento sobre el esfuerzo, la fatiga y otras variables que son importantes”, explica Andrés sobre cómo lleva la carga a nueve semanas del evento. “Poder entrenar con Will te da la posibilidad de aprender mucho. Tener a tu coach al lado corriendo, sufriendo, hablando, es motivador. Que en el camino te corrija, “ojo como estás pisando, saca pecho, el braceo”,  son cosas que suman en un entrenamiento y que sin darte cuenta cada cosa va sumando a tu favor. La relación coach-pupilo se fortalece y ayuda a crear lazos de amistad más fuertes”, agrega.

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Andrés Espitia admite que sacrifica tiempo con su familia para cumplir con la tarea, se deja de dar algunos gustos en a la hora de comer buscando ser lo más prudentes con la comida y la bebida, pero sobre todas las cosas que se ha vuelto monotemático con Boston, ya que su vida gira en torno a la carrera.

“Aspiro a volver a sentir esa sensación cuando sales de la meta y ver a muchas personas apoyándote, tener una buena marca en la carrera, un nuevo record personal y disfrutar cada paso, llevar en tu corazón las personas que te han apoyado para que este sueño sea realidad”, concluye el “Coachito”, que logró su PB de 2:56:40 en la edición 2014 del Maraton de Boston.

 

Aún parece lejos, pero cada vez falta menos para la carrera. Acompaña –y déjale tu mensaje de aliento- a los GoodWill Runners en su periplo hacia el gran objetivo del año.

 

 

 

 

 

 

 

 

Maratón de Boston: 10 semanas 10 GWR

El Maratón de Boston cumple 120 ediciones y allí estarán presentes los GoodWill Runners para hacer historia. 10 semanas separan a 10 maratonistas del equipo del disparo de largada el lunes 18 de abril.

La idea es conocer la historia de cada uno de estos GWrunners que clasificaron al 42K más legendario del mundo y se están preparando para colgarse la medalla del segundo major marathon de 2016.

Carlos Andrés Illera Mattos es uno de los veteranos de Boylston ya que participó en 2015 y consiguió nuevamente su clasificación para estar presente este año.

 

_MPS6518“En 2013 corrí mi primer 42K en el Maratón de las Flores en Medellín con un tiempo de 03:56.  Hasta ahí no entendía que era correr 42k y menos hacerlo con un tiempo objetivo. Entrenaba con Will Vargas desde unos meses atrás, y al regreso de ese viaje oí una conversación respecto a quienes se habían clasificado a Boston para el siguiente año. En ese momento le dije a Will “Yo puedo ir a Boston?”, a lo que él respondió “Si trabajamos juntos, lo llevo. Decirle que no, sería dudar de sus capacidades como atleta y de las mías como entrenador”.  Desde ese mismo momento todo cambió, empezamos con charlas sobre correr, analizar la técnica, revisar mi alimentación, hábitos entre muchas otras cosas. Y de la mano de mi Coach, me dediqué a hacer caso, a seguir sus instrucciones al pie de la letra. Completé todos los entrenamientos, participé en los eventos que en mi plan estaban, a veces, conteniendo las ganas de correr a tope, pero con la convicción que estaba haciendo el trabajo adecuado, siguiendo el plan y esperando mi carrera para buscar clasificar a Boston 2015. Un año de trabajo, mi mejor marca había sido 03:26 en Los Ángeles en 2014, el objetivo para clasificar, menos de 3:15, mi objetivo personal 3:10, por terco quería hacerlo según la edad con la que estaba corriendo, no con la que BAA me recibiría”, relata el Especialista en Gerencia Logística de 41 años.

Desde el 20 de Abril pasado que Carlos piensa en regresar. “Boston es un tema que no sale de la cabeza. Por motivos laborales tuve una baja en mi carga de entrenamientos en Julio de 2015”, confiesa el Gestor de Demanda de una empresa de Consumo Masivo, productores de Chocolate, Café y elementos de aseo, además de comercializar Aceites, Margarinas y productos nutricionales, que trabaja no menos de once horas diarias.

En esta oportunidad junto al grupo “bostoniano” entrena a diario con una nueva rutina que incluye cross training, fortalecimiento, gimnasio, fondos, técnica, intensidades para mejorar el acondicionamiento y la performance. carlos_bm_01“Todo eso se traduce en entrenar siete días a la semana, minimo una hora diaria, una carga semanal entre 80 y 100K. Los lunes y los viernes son lo que se denomina descansos activos, tenemos sesiones de gimnasio, fortalecimiento integral, mucho core y estabilizadores. El entrenamiento en #Baransu, es un entrenamiento funcional, donde estamos trabajando partes del cuerpo claves para mejorar, pero que solo corriendo no fortalecía. Miércoles a Jueves, intensidades, velocidad, técnica y fondo, todo combinado en los tres días, sesiones cortas. Sábado y Domingo, intensidades y fondo en sesiones de mayor duración”, describe el runner que espera lo que el Master Coach le tiene preparado para el pico de carga en el próximo mes.

“El nivel del equipo nos pone en cada entrenamiento al límite, somos una gran familia, pero también cada quien tiene un objetivo, y trabajamos en grupo, para que todos lleguemos. Conocer el objetivo de mis amigos, me hace parte de ellos y a ellos del mío”, explica el atleta que disfruta los ascensos pero sufre los fondos a paso lento.

CapC0ItW0AEtrKTIllera Mattos tiene solo palabras de admiración hacia el coach Will Vargas. “El Coach, es el Coach por su experiencia. Estoy con Will porque además de ser entrenador, corre conmigo, corre con todo el equipo en realidad. Se lesiona, le duele, se cansa, es humano, no es coach de cronómetro esperando a que des la vuelta en el parque. Yo me apasione por correr, y encontré un guía que me ha llevado a alcanzar logros que pensaba  eran inalcanzables. Nunca pensé que podría correr más de 10k, y aquí estoy. Will ha construido un equipo muy unido, se ha encargado que el objetivo de uno sea el de todos. La fuerza del grupo es increible, como se vuelcan las energías de todos hacia el objetivo específico de otros, así el ciclo se repite y hay una sinergia que no te deja detenerte un solo día”, dice.

carlos_bm_04El runner que el año pasado en el Maratón de Boston logró su mejor marca personal al cronometrar  02:57:12 aprendió que hay que ser constante ya que no se logran grandes resultados de la noche a la mañana.  “Ir de la mano de un experto asegura disfrutar de la actividad. Pasarla bien es importante en estos retos, mientras más divertido sea, el trabajo parecerá un juego. Todo es más fácil en equipo”, remata el atleta que de cara a Boston, entrena a la madrugada, para llegar a casa y cumplir con labores familiares antes de ir al trabajo.

Sigue a lo largo de estas semanas las historias de los Monstruos y Princesas y déjales tu mensaje de aliento.

GWR en el IM 70.3 de Panamá: Nicolás Delgado

El Ironman 70.3 de Panamá fue uno de los triatlones elegidos por los GoodWill Runners esta temporada. Una veintena de ellos viajó junto a su coach y volvió con grandes resultados.

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