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EN PRIMERA PERSONA: Andrés Felipe Gómez en el IM Zurich

Mientras esperamos la participación de Andrés Felipe Gómez G. en el próximo Campeonato Mundial Ironman a disputarse en Australia el 4 de septiembre, nada mejor que deleitarnos con la crónica de su más reciente carrera.

Con un tiempo final de 10 horas 35 minutos y 55 segundos, el Goodwill Runner de 29 años, cruzó la línea de meta de su segundo Ironman en Zurich y nos regaló las siguientes líneas:

“Siempre nos dicen que la vida da muchas vueltas, y comenzando el 2016 el panorama no era muy bueno para mí.   Para los que me conocen saben que pasé momentos muy amargos, pero de repente la vida me dio unas 100 vueltas en Meta 2cuestión de semanas.   En materia deportiva, de estar contemplando un Ironman 70.3 en ciudad de Panamá como el gran objetivo del año a finales de enero, termino clasificando al Mundial 70.3 en Australia y ratificando todas mis intenciones de cumplir con mi segundo Ironman en tierras Helvéticas.

El proceso de preparación para esta carrera fue algo atípico.   Generalmente he llegado a las carreras con algo más del 90% del entrenamiento programado.  Este año por situaciones laborales y de otra índole siento que llegaba con un 50% del plan sugerido.    Siempre he pensado que mis fortalezas son el ciclismo y la natación, y que la carrera a pie por siempre será el eslabón más débil de mi triatlón por decirlo así.   Teniendo en cuenta estas condiciones, me enfoqué en el tiempo limitado que tuve en solo correr, dejando de lado la natación.  Previo a mi arribo a Suiza tuve un viaje de negocios a Nueva York que me obligó a estar una semana y media sin tocar una bicicleta o una piscina.    Realmente mucho de lo que viví durante el proceso de preparación me hizo ver lo realmente complicado que es para algunos comprometerse y sacrificar parte de su tiempo en familia para sacar este objetivo adelante (lo digo más por los que ya tienen hijos, tienen toda mi admiración).  En mi caso, quise balancear un poco más el tiempo entre el deporte y familia, así que puedo decir que dediqué más tiempo a mis asuntos familiares para este objetivo, algo que siento da señales de madurez en mi vida.

Todos somos fervientes patrocinadores de nuestros hobbies.  Como deportistas aficionados es una realidad que todo sale de nuestro bolsillo, pero ¿cómo poner un precio a esto tan espectacular que hacemos?  No podemos ponerle valor, a veces pagamos más de la cuenta porque es como una adicción, una adicción de las buenas que te ciega, y no te hace dar cuenta del papelón que haces cuando te gastas en una bicicleta una millonada sabiendo que en el mejor de los casos mejoras un par de segundos en el tiempo del ciclismo usando una bicicleta de un precio que no va ni por la mitad de la otra.

En mi caso, sin ser un millonario excéntrico ni mucho menos, me decido por un triatlón distancia Ironman en una de las ciudades más caras del mundo. Si no me equivoco, Zurich puede estar en el top 5, pero con la ventaja de tener familiares en la ciudad, unas por otras.  Acá es donde comienza mi odisea.  Envidio a los corredores, que sin intención de desameritar toda su preparación, solo deben preocuparse por empacar un par de zapatillas, unos shorts y el t-shirt de competencia, encargarse de ir por el número a la expo, sonreír para la foto y ya está, en términos de semana precompetencia.

Por el lado del triatleta, todo se complica, porque cuando hay cosas que se salen de nuestro control todo puede salir mal. Desde empacar la maleta de la bicicleta, el cual es un proceso que algunos conocen, y en lo personal es estresante.   Desde el transporte al aeropuerto con bicicleta, asegurándose de llevar cada pieza para armarla y desarmarla, hasta el momento en el que haces la cara más coqueta de tu vida para que no te cobren 150 dólares por la sobredimensión de tu equipaje en el registro de la misma.   De ahí a su destino final todo puede pasar.  Desde algún daño, hasta que ni llegue; por eso no hay momento más feliz que ver tu bicicleta salir por la sección de equipaje sobredimensionado de tu destino final. Ahí te vuelve el alma al cuerpo, sobre todo si tienes dos o más escalas.

Zurich me recibe un miércoles con algo así como 35 grados y mucha humedad, algo no muy de mi agrado.   Por la misma ansiedad de la carrera, y casi como por ritual, lo primero que hago es armar la bicicleta y cerciorarme de que todo esté en orden (es sencillo, sin bicicleta no hay carrera).

Primera gran dosis de estrés a mi sistema nervioso.  Al hacer ruta de prueba me doy cuenta que los cambios nunca terminan de sincronizar bien.   Hago el reconocimiento con esta molestia, la cadena simplemente se bajaba del plato sin explicación, con esta avería, no se puede competir, sencillo.   La organización del evento dispone de mecánicos y cuando la llevo me informan que la uña del tensor está averiada y necesita ser reemplazada; esto un jueves.   Esta pequeña e insignificante pieza no es muy costosa pero en mi mundo es la diferencia entre una bici útil y lista para competir a u montón de pedazos y piezas de bicicleta juntas.     Conseguir esta parte no fue fácil, pero lo logré, no resulta difícil creer que lo costoso no iba a ser la pieza sino la mano de obra.  En fin, 24 horas y problema solucionado, dosis de tranquilizante para mi sistema nervioso.

Día de la carrera.  Recuerdo ya estar en zona de transición revisando la presión de las llantas, y sabiendo que la organización dispone de bombas suficientes para echar aire, así que no llevé mi bomba para no encartar a mis familiares el resto del día.  Esta señora, de aspecto muy europeo, de unos 60 o más años, alta y con una expresión de seguridad que solo dan los años de experiencia, me ofrece su bomba para poner aire a mis ruedas.   Recuerdo muy bien esta bomba, era una que nunca había visto, probablemente de esos productos alemanes hechos para durar una eternidad y no como los de hoy en día, tan desechables.  Son como las seis de la mañana y el ambiente es tenso pues el cañonazo está programado para las 7AM.   No quise despreciar la bomba, y mucho menos el gesto de la señora, y aunque se veía muy rústica, no dudé que fuera útil, aún sin estar muy familiarizado con el sistema.  Sin pensar, procedí instintivamente a usarla.  Lo siguiente que recuerdo es a unas 1000 personas a mi alrededor mirándome con cara de “Dios te guarde”.  Había explotado el neumático.   Doble dosis de adrenalina, aún me impresiona la frialdad con que cambié el neumático a poco menos de 40 minutos para el inicio de la carrera.  Me dije a mí mismo, es algo que he hecho ya en varias ocasiones, nada complicado, nunca antes de un Ironman, pero sí tenía con qué hacerlo, y lo más importante, sabía cómo hacerlo (tip: si ud no sabe cambiar un neumático este tipo de cosas pueden pasar).   Sé que están pensando.   Y sí, esto significaba usar mi neumático de repuesto y competir como dicen por ahí “a la de Dios”.  Nadie te va a dar un neumático a esa hora, ni siquiera lo intenté, simplemente dije, “no me voy a pinchar”. Y por adelantarles la historia, así fue.   Simplemente no estaba destinado a pinchar ese día.

3_m-100728331-DIGITAL_HIGHRES-1319_001613-2515473La natación no pudo ser más decepcionante, quizás en lo único que no me adherí al plan de Patacoach. Quise salir a nadar en el grupo de punta, a lo bestia, 2500 metros dentro aproximadamente y simplemente no tenía brazos para seguir, paraba y miraba las boyas restantes, sentía náuseas, algo nuevo, nauseas en la natación. Nunca en más de 10 triatlones tuve esta sensación en el agua.   Jamás lo imaginé, pero me pasó factura la falta de kilómetros como nunca.   La experiencia enseña, o por lo menos a mí, que las sensaciones nadando, montando o corriendo son totalmente diferentes, especialmente en un Ironman.

Transición 1 y primer giro del ciclismo, 90K, sensación 10 de 10, rodando con buenas referencias, buen paso, controlado, sin confiarme.  Kilómetro 110-120 aproximadamente, entrada al terreno en las montañas, decido pasar el grupo referencia y apretar el paso antes de las pendientes; tenía con qué y prefería ir adelante.  Durante la sección del ciclismo en el Ironman hay que evitar el drafting porque hay jueces suficientes en la carrera para visualizar cualquier infracción, La bestiaalgo que me gusta de la organización suiza.  Esto quiere decir que cuando pasas un grupo lo tienes que hacer hasta la punta.  No calculé lo largo que era al grupo, ese esfuerzo de más por posicionarme adelante terminó en el primer calambre.   Cuadricep derecho colapsado, de ir sobre los 40kms/h antes del rizado casi que me detenía a 10kms/h y vería a todos sobrepasarme nuevamente.   Nunca había sentido un calambre de esta característica, sin detenerme totalmente, tomé mis sales, relajo la pierna y continúo con algo de paranoia.  Restan algo así como 60K de terreno variado donde predomina la montaña.    Sé que si me voy en pedales puedo provocar el calambre nuevamente, así que pedaleo sentado, a ritmo constante, sin cambios de ritmo. Justo en el km 172-173, se encuentra la Bestia, una pendiente de casi un 1km al 10%.   No fueron sino como 200m de la subida y ambas piernas colapsan, con calambre.  Me bajo de la bicicleta (primera vez en mi vida que me veo obligado  en competencia) una de las motos me pregunta si necesito asistencia, a la cual le HeartBreak Hill 2respondo que son calambres y que tendría que estirar un poco pero que estaría bien.   Se me pasaba por la cabeza subir caminando los 800 metros restantes y descolgarme como fuera hasta la  transición 2.    Estiro y le pido a Dios el milagro, solo quiero coronar la loma y bajarme a correr.   No pienso, solo pedaleo, se siente la energía y los gritos de la gente en este punto de la carrera donde se hace un pequeño camino donde apenas pasa la bicicleta entre las masas.   Es una de las sensaciones más espectaculares que brinda esta carrera, pocas cuentan con esta cualidad.  Sin darme cuenta estaba descendiendo ya hacia la T2, el milagro se me había cumplido.

El maratón.   ¿Cómo describirlo? Había pasado por tanto que pensar que hacen falta 42K para recibir esa medalla es todo un reto mental.   Pero este año era diferente, había corrido lo suficiente y estaba más liviano, dos kilos por debajo del Atletismo 3peso del año pasado.  Seguí el plan de carrera, de menos a más, procurando comer en todas las estaciones, lo que fuera, gomas, bananos, papas fritas (mis favoritas, saben a gloria en un Ironman), geles, caldo, pretzels, maní, y mucha fruta.   Como lo había mencionado, correr no es mi fortaleza, pero disfruté ese maratón como nunca. Desde correr por la ciudad antigua, pasando por la calle más famosa de Zurich, la  Bahnhoff Strasse, famosa por sus tiendas de relojería suiza, a pasar por la orilla del lago de Zurich.   En un mismo día se pasa del lago a la campiña suiza con sus típicas vacas lecheras imponentes, hasta lo más espectacular de la ciudad antigua y moderna de Zurich.  Carrera más que recomendada”.

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​¿Te gustó el relato de su carrera? Déjale tu mensaje de aliento para su próximo objetivo: El Mundial 70.3.​

 

IRONMAN BOULDER: CINCO GWR SUELTOS EN COLORADO

El poblado estadounidense de Boulder es uno de los lugares elegidos por los amantes del triatlón de todas partes del mundo para vivir, pasar una mini temporada de entrenamiento o las vacaciones. La ciudad del estado de Colorado posee un clima ideal y lugares naturales ideales para la práctica del deporte de las tres disciplinas.

No era de esperarse que la franquicia IRONMAN se sumara a este mítico spot. El domingo 7 de agosto fue la segunda edición del triatlón de larga distancia y los GoodWill Runners estuvieron presentes para enfrentar los 3800 metros de natación, 180K de ciclismo y el maratón por el pintoresco Boulder Creek Trail.

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Equipo GWR con las montañas de fondo.

El primero en cruzar la meta, con un tiempo total de 11:01:40, fue Sebastián Merizalde. El colombiano de 32 años, que reside en Miami, invirtió 69:46 en el agua, 5:14:17 en la bicicleta y 4:28:23 en los 42K. Por su parte, Mauricio Salazar culminó su excelente trabajo en 11:17:21 (70:18/ 5:43:42/ 4:10:01). José Dionisio Vargas, en su debut en Ironman, paró el crono en 12:41:16 (93:55/ 5:47:06/ 5:07:13). En la posición 784 de la clasificación general se ubicó Iván Leguizamón que cruzó la línea de llegada en 13:56:53 (96:30/ 6:49:16/ 5:13:12).

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Durante la previa los GWR en el parque cerrado del ciclismo.

Un capítulo aparte merece el Coach Vargas que a último momento decidió ser parte del evento y con bicicleta alquilada, casco prestado y zapatos a estrenar se dio el gusto de terminar un nuevo Ironman en 14:17:52.

Luego de la emoción de terminar una carrera inolvidable, los GWR tuvieron la chance de disfrutar de la gastronomía del lugar y descansar en uno de los mejores lugares de EEUU para hacerlo.

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Brindis saludable del equipo.

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