Llegó agosto, un mes que me hace mirar hacia atrás como cuando llega la fecha del cumpleaños (cumplo en mayo), y en la mente hacemos balance de todo lo que ha pasado, bueno, bonito o malo, en los últimos 12 meses. Hoy siento el impulso de celebrar, de conmemorar algo que no encuentro exactamente cómo bautizar. Hace 365 días llegue al planeta de los runners, seres extraños (medio locos, medio sabios) que parecían no tener mucho qué decirme a menos que diera mi primer paso con la actitud desafiante de “¡hoy vengo a correr!”.

Yeye-1Mi relación con el running no fue amor a primera vista. De entrada me puso en mi lugar: última en la fila, por ausencia de velocidad y técnica (yo digo ¡torpeza!). Dolor en el ego. Dolor en el cuerpo. Dolor emocional y hasta espiritual. Los runners miraron con algo de ternura y callaron, tal vez para evitar la deserción de una “novata” más. Después del entrenamiento, llegó el “social running”, la sesión que fortalece los lazos de estos locos que corren. Muchas me animaron, “quédate que no todo es sufrimiento”. Y me quedé para descubrir cuál era la recompensa prometida después sobrevivir al infierno.

Un año después puedo contar que valió la pena. Que muchas satisfacciones parecen pequeñas, pero llegan todos los días sin falta. Y que la disciplina es el mejor remedio contra la lentitud, la torpeza y los dolores. Ahora todo es un poco más divertido, el cuerpo aunque se resienta a la larga es agradecido, y no solo en términos deportivos. Sin pretender hacer un tratado científico, voy a contarles lo que he vivido con mi salud. Muchos ya conocen mi historia pero la resumo en R4: hace 6 años fui diagnosticada con carcinoma papilar en la glándula tiroides con metástasis en ganglios linfáticos. Es decir, ¡tenía C Á N C E R !

La extirpación total de la glándula y los ganglios comprometidos y la radiación con yodo son los únicos tratamientos disponibles. La posibilidad de éxito del tratamiento es cercana al 70% con una sola cirugía y una sola radiación. En mi caso no funcionó. Luego de 6 intervenciones quirúrgicas, 2 yodo-terápias y decenas de ecografías, TACs y resonancias, aún no hay un parte de curación. La enfermedad se esconde, luego reaparece en forma de tumor pequeño o ganglio inflamado, y teóricamente aún soy paciente con cáncer aunque a veces no parezca. La célula del cáncer papilar de tiroides es de lento crecimiento, lo que hace que el tumor que produce no sea tan agresivo y dé tiempo para monitorearlo y controlarlo. El inconveniente real de este cáncer es la condición de hipotiroidismo a la que el paciente está condenado de por vida debido a la ausencia de la glándula. Y es aquí donde comienza mi historia rosa en medio del cuento de terror.

Desde que comencé a entrenar con regularidad con los GoodWill Runners, los síntomas típicos del hipotiroidismo como pesadez, sueño, metabolismo lento y cambios bruscos de estado de ánimo, fueron desapareciendo. Paradójicamente “cansarse” corriendo produce una mejora notable sobre otros factores, como la calidad del sueño, la digestión, el descanso, el tono muscular y el “entusiasmo” en términos generales. Correr incrementa la oxigenación celular, y ahí todo comienza a mejorar. Puede que esto no impacte a quienes tienen sus funciones hormonales normales y gozan de buena salud. Pero para quienes tenemos un pronóstico pesimista sobre nuestro metabolismo, en el que los médicos nos dicen que vamos a engordar, a tener sueño todo el tiempo, quizás a perder brillo y fuerza en el pelo y la uñas, y a “llorar” por todo, quizás mi experiencia sirva para decirles que ¡NO HAY QUE RESIGNARSE A QUE SEA ASI!

La solución no está únicamente en la píldora de levotiroxina que debemos tomar de por vida todas las mañanas. A la ciencia hay que ayudarle, y el bienestar real para los problemas de tiroides está en nuestras manos, en este caso en nuestras piernas, si decidimos comenzar a correr bajo supervisión médica. Estudios más sesudos sugieren que la actividad deportiva incluso podría retrasar el desarrollo de tumores cancerígenos agresivos y su proceso de metástasis.

El fisiólogo Brad Behnke de la Universidad de Kansas ha estado estudiando el crecimiento tumoral del cáncer de próstata en ratas sedentaria y ratas sometidas al ejercicio. Al igual que los seres humanos, los animales desviaron el flujo de sangre a los músculos con la actividad física, lo que produjo también un aumento del 200% en la oxigenación del tumor. Esto sonaría a “vigorizar” la enfermedad, pero realmente lo que el ejercicio hace es mejorar el microambiente dentro del cuerpo y evitar que, ante el “ahogo”, las células del tumor quieran invadir otros órganos buscando poder respirar (metástasis).Lo mismo se ha descubierto en el comportamiento de otros tipos de cáncer como el de mama y el de estómago.

Podría ser coincidente con la eficacia, por fin, del tratamiento que llevo desde hace varios años, pero desde que comencé a correr mis niveles tumorales han mostrado un franco y progresivo descenso. La tiroglobulina (indicador tumoral) debería estar en nivel cero (0) y aunque el cirujano, la endocrinóloga-oncóloga y yo aún no logramos borrar del todo los rastros de enfermedad, sí podemos decir que de 7.6 hace un año la hemos bajado a 0.67 hoy. En resumen: el ejercicio constante y progresivo, aunque no garantiza curación, hace que no solo el cuerpo mejore sus condiciones para soportar las enfermedades y sus tratamientos, sino que además concede al paciente-deportista la capacidad de elevar, por ejemplo, los niveles de endorfinas, generando una sensación de bienestar y “felicidad”.

No podría jurar que esto ha sido gracias al “influjo mágico” del running, pero sí puedo decir que tras un año constante de entrenamiento, ocho carreras oficiales y centenares de kilómetros en entrenamiento, mi organismo está más fuerte y mejor preparado para batallas más grandes, que espero no vuelvan a ser en una sala de cirugía sino en el asfalto buscando records personales.

Tal vez muchos no lo notan o no lo saben, pero para una persona con problemas de tiroides madrugar a entrenar y lograr una buena actitud cuesta un mundo entrero. El cuerpo tiene activado el freno permanentemente. Así la mente quiera correr a 4min/Km, hay días en los que el cuerpo tiene sueño, quiere quedarse acostado y dormir 12 horas seguidas. Confieso que a veces, cuando hablo de más en el chat de corredores (discúlpenme mis compañeros por eso) en realidad estoy dándome ánimo, buscando que alguien diga “mañana nos vemos en el entrenamiento” y yo piense: “!Bien, no estoy sola!”.

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Escribir una vez más que los admiro no sobra, pero hay algo nuevo que si quiero decirles a todos los GoodWill Runners y a quienes me animan a seguir en el deporte: ustedes han sido mi curación y mi salvación. La disciplina, la fe, la ciencia y los amigos!

SALUD… hoy es un día para celebrar con ustedes. Gracias eternas!